jueves, 5 de febrero de 2026

ENTREGA 84

  

SEGUNDO VIAJE A ÁFRICA

 A Xiomara se le murió su padre. Se murió de repente, de un día para otro y sin avisar. Su padre era joven y ella estaba enamorada de él, esto lo sé seguro, aunque ella decía que no y le molestaba oírmelo decir; quizá por eso estoy tan seguro. Sin embargo, se acordaba mucho de él porque no tenía hermanos y su madre había desaparecido del mapa un buen día.

―Se fue con otro, y mi padre, de rebote, con otra. ¿Por qué los hombres no sabéis vivir sin una mujer al lado?

―Eso pregúntatelo a ti misma, que eres la que va a heredar esa tendencia. Yo te contestaré cuando sea mayor y me suceda.

En semejantes circunstancias hay que agarrarse a lo que sea. Yo tenía las estrellas, las músicas y todas mis fantasías, pero ella no tenía nada de eso, no disponía de esa clase de recursos. A lo mejor es que aún era joven para ello o a lo mejor es que era de otra guerra. Aquí cada uno ve su película, me canso de repetirlo, sobre todo si el padre que se muere es el tuyo.

Cuando aquello sucedió, la situación tomó visos de tragedia. De repente sonó el teléfono a hora muy intempestiva, un teléfono que no sonaba nunca por la noche, y los dos pegamos un salto. Un teléfono que suena por la noche suele ser el anuncio de alguna noticia importante, a veces trágica y luctuosa…, y luego los gritos y los lloros se adueñaron de aquel silencioso lugar, y ni siquiera el concurso de Ton sirvió para calmar el torrente desatado.

Tal acontecimiento nos obligó a volver a Europa. Xiomara salió disparada al día siguiente y yo me fui con ella. Durante el viaje lo estuve pensando y se lo dije.

―¿Sabes que hace casi tres años que estamos juntos?

―Ya, ¡y qué…!

―Nada; eso.

Desde luego, no era el momento de hablar. Ella ya no lloraba, porque las lágrimas se le debieron de acabar la noche anterior, pero estaba claro que no era el momento de disquisiciones, y menos metafísicas.

Aquello sucedió al principio de un verano, un verano que dividí entre Javi y Louis: estuve un mes en casa de cada uno. La casa de Javi era una tienda de campaña, pero la tenía instalada en un sitio muy bueno, al lado de una playa desierta ―por lo ventosa― de la costa oeste europea, y Louis me llevó de excursión.

―¿Vamos a ver putas? Todo será que tengamos que acabar llamando a tu tío… ―e hicimos un recorrido parecido al que habíamos hecho de jóvenes, sólo que más largo y sacándole más provecho.

Louis, una vez más, volvió a decir aquello de, antes las putas eran espantosas, pero hoy en día estas cosas han cambiado mucho.

―¿Yo dije eso?

―Sí. Vamos, no lo dijiste, lo decías a todas horas, y ¿sabes lo que se me ocurre? Pues que sí, que es verdad, que las putas han cambiado bastante: ya casi ni me acuerdo de X. ¿No sabes eso de que un clavo se saca con otro clavo?

Louis me miró atravesadamente, pero como nos conocíamos de antiguo, no se lo tomó en serio.

―No me lo creo ni de coña. ¿Tan pronto se te olvidan a ti las cosas? ¿Después de tres años…? Eso sólo sucede de joven.

―Bueno, quizá sea una mejoría pasajera.

―¿En serio…? Entonces hay que celebrarlo. ¡La rotura de las cadenas! ¡La ruptura de las comunicaciones, ni más ni menos…! Camarero, ¡otro coñac!

―Cualquiera que te oiga va a pensar que hemos estado todo el verano borrachos y de putas.

―¿Y no ha sido así, tú, músico?

… y cuando pasó, cuando el verano hubo transcurrido, las aguas volvieron a sus cauces y la vida diaria a hacer su aparición…

―He heredado ―me dijo ella con cierta sorna.

―Ya me imagino.

―No, como tú piensas que es lo único que me importa…

En realidad, fui yo quien rompió el fuego. Quizá debiera explicar, o intentarlo, las sinrazones de las palabras que se pronuncian, pero no lo voy a hacer porque la sinrazón de fondo, la más importante, no depende de nosotros; su correcta administración no está a nuestro alcance. Reside en el cerebelo, la sede de la agresión, el cerebro que de los lagartos hemos heredado, y no es otra que la irrefrenable y universal tendencia a llevar a cabo el acto de la reproducción, al que, quizá por esa universalidad, llamamos el acto a secas.

¿Alguna vez se le ha ocurrido pensar que la Naturaleza nos ha dado un plazo de veinte años para reproducirnos? Pues es así. Todo lo demás es un tiempo de regalo en el que llevamos a cabo ociosas tareas que a la Naturaleza no le interesan nada. El cerebro, que también es parte de la Naturaleza, ha inventado sin embargo nuevas herramientas ―a una de las cuales llamamos medicina―, porque el cerebro demuestra mayor afecto por los individuos que su desnaturalizada madre. El conflicto entre madre e hijo acabará saldándose con la victoria del segundo, el cerebro y sus circunvoluciones ―el reino de la fantasía―, pero los débiles seres humanos, aún agarrotados por las instrucciones del tiempo de los lagartos, ¿qué decimos? Pues, con el corazón en un puño, cogemos el teléfono y decimos, ¿quieres que volvamos a casa?, ¿qué clase de planes tienes…? Sí, fui yo el que empezó.

ENTREGA 84

    SEGUNDO VIAJE A ÁFRICA  A Xiomara se le murió su padre. Se murió de repente, de un día para otro y sin avisar. Su padre era joven y el...