lunes, 6 de abril de 2026

ENTREGA 101

 

Javi y yo, en el grandioso parque del hospital, a la sazón desierto, nos hicimos uno de esos pitillos finitos que no tienen tabaco, y cuando nos lo hubimos fumado empecé a ver a Elías en su carro que circulaba por encima de los chopos; sí, el carro de fuego de Elías con sus caballos blancos y alados, y no se sabía cual era la fuerza de propulsión. ¿Eran los caballos blancos que galopaban o era el chorro de fuego…?, y de súbito caí en la cuenta. Aquello se parecía a algo de lo que había estado soñando mientras me mantuvieron en estado de completo reposo. De repente acudieron algunos duendes a mi cabeza y allí empezaron a dar vueltas…

Era de noche, y la noche estrellada. De las alturas se desprendió una de aquellas luces, que después de recorrer muchos caminos zigzagueantes y expeler infinitas luciérnagas coloreadas, vino a tomar mi dirección y aumentar de tamaño hasta convertirse en un voluminoso objeto conducido por dos caballos blancos, una nave espacial llegada calmosamente de las mismísimas estrellas. La nave era entre trineo y bala de cañón de remachadas armaduras, y en sus laterales lucían infinidad de acristalados ojos de buey, circulares ventanillas como las de los aviones antiguos, mientras un personaje de níveas barbas se asomaba precisamente por una de ellas. Era un intermedio entre Papá Noel, el auténtico profeta Elías y un piloto de líneas aéreas; en la bocamanga llevaba galones dorados y hacía señales para llamar mi atención. No sé cómo, pero debió de ser de la forma en la que los sucesos tienen lugar en los sueños, se detuvo mientras los caballos seguían galopando como si lo hicieran en una de esas bandas rodantes, y acercándose a mí desde la ventanilla, haciéndose más y más grande a cada momento, me dijo,

―¿Quieres venir a las estrellas? Nuestra próxima parada es en Alfa del Centauro.

Yo me asusté y dije que no.

―No, muchas gracias, pero estoy bastante ocupado aquí abajo. Además, no fumo.

Entonces, el curioso personaje, que tenía la voz del tío Aldy, me dijo adiós con la mano y tiró de las riendas que salían por la parte delantera de la bala de cañón. Los caballos redoblaron sus esfuerzos, y por la parte de atrás de la bala surgieron llameantes y silenciosos fuegos, como si la maquinaria estuviera en pleno proceso de aceleración, tras lo que poco a poco se perdió en dirección a las alturas, el Reino de las Estrellas, aunque luego, en seguida, en tanto que la nave desaparecía rumbo a su destino, lamenté mucho haberme comportado de tal forma, pues, ¿quién podía saber cuándo se me iba a presentar otra oportunidad de hacer un viaje semejante?, y mientras la veía alejarse decidí no dejar pasar la siguiente ocasión de manera tan tonta.

Todo esto se me representó vívidamente y yo me acordé del tío Aldy y la predicción anterior a su muerte, aquello de la humanidad está a punto de salir de casa para siempre, misteriosas palabras que al final han resultado literalmente ciertas.

No digo que aquella vez, en el parque, sucediera lo mismo, porque cuando Javi y yo estuvimos allí era de día, pero sobre los árboles y por debajo de las nubes blancas vimos circular un artefacto. A lo mejor fue un bólido o a lo mejor fue un pájaro, uno de esos pájaros de la mente, o a lo mejor fue Supermán, quién sabe. Yo le dije a Javi, ¿lo has visto?, y él me dijo, sí, ha debido de ser un meteoro, aunque más bien supongo que se debería a los efluvios del tetrahidrocannabinol, ese alcaloide que, a ciertas personas al menos, nos permitió vivir dos vidas diferentes durante mucho tiempo. Hacía una tarde buenísima, una tarde primaveral y soleada, soplaba un viento fresco, que suelen ser los mejores, y nosotros estuvimos tirados en aquel prado de hierba verde y mirando al cielo muchísimo rato; pudo ser cualquier cosa.

Todo ello me distrajo de tal manera que acabé por olvidarme del tabaco, de Xiomara, de mis achaques, del Cacho, de la edad y de casi todo lo demás. Yo no sé si tendría algo que ver, pero cuando tras un último mes de estancia salí de allí, de aquel hospital, noté que las incertidumbres y conflictos de mi vida anterior se habían borrado de la memoria, aunque la regeneración de las células afectadas también influyó, y de qué manera, y Louis, para colmo, al cabo del tiempo, cuando le tocó, cuando se hizo mayor, porque entonces ya teníamos alguno más de treinta años ―o sea, que habíamos cruzado una de las fronteras de la vida, no sé si la primera o la segunda, eso ya depende de cada cual―, se arrocheló, es decir, se quedó colgado con una chavala. En algunos diccionarios no viene esta acepción, pero yo siempre lo he oído decir así.

La chica, por lo que me pude enterar, se llamaba Aída, aunque eso no me lo dijo él. Lo que Louis hizo fue mandarme un mensaje, en el que, entre otras cosas, decía, he conocido a una chavala que parece brasileña…, y por el tono ya se adivinaba lo que iba a suceder: que se iba a ahorcar. El mensaje, además, incluía una imagen en la que ella no parecía brasileña ni parecía nada; lo que parecía era que Louis no sabía hacer fotos. Cuando miraba por el visor no sabía adónde miraba, y por más que yo había intentado enseñárselo, no lo había conseguido. En aquella imagen se veía mucho cielo, que no interesaba, y muy poco suelo. A la figura la había cortado por la tibia y el peroné, a media altura ―el peor sitio―, aunque luego resultó que estaba muy bien, tanto por fuera como por dentro. Yo la conocí aquel verano en un bar de una costa verde. Tenía diez años menos que nosotros y bebía sin moderación. Era una especie de morena alta que sí, bueno, podía parecer brasileña, pero para imaginarse aquello había que darle muchas vueltas al asunto y echarle bastante imaginación; había que estar muy en trance amoroso, como era el caso de Louis. A mí me pareció normal y con tendencia a la juerga, una piba de las que, a fuerza de buen humor y sonrisas, te inspiran confianza desde el primer momento… Bueno, no puedo decir nada mejor. ¿Alguien pensaba que Louis se iba a confundir? Yo, que le conocía bien, ya sabía que no, pero en fin, dejemos esto, Louis se arrocheló, y por lo menos dejó de hablar de putas.

¿Saben ustedes lo que me dijeron el otro día Pedrito y Sandi, que son como hermanos, cuando volvían de la playa con un gomón monumental que guardan en el garaje? Pues me dijeron: la 3D es para tontos; es muchísimo más divertido irse a la playa con un neumático de tractor y tirarse la mañana cogiendo olas.

Los que van a buscar a las chicas ocultas van siempre en un todo terreno. Están enfrente de su casa, de la de la chica oculta, con los cuatro intermitentes encendidos, esperando. Luego baja ella y se van a cenar por ahí. Entonces, los que los ven, dicen, fíjate, fíjate qué gallina, y parecía tonto… Las chicas ocultas, a las que pocos conocen, viven en casas que están muy bien. Son casas de lujo con tapia blanca muy nueva, aunque llena de pintadas. Allí está escrito lo de, si no está contigo a quien amas, ama a quien está contigo, y también lo de la imaginación al poder y lo de, papá, ven en ácido; allí pone casi todo lo que se puede leer entre las líneas del universo. No lo de que todos somos eslabones de una cadena, de una misma cadena, pero es lo mismo, todo llegará, no se preocupen ustedes por eso, es cuestión de tiempo. Algunas de estas chicas ocultas, por cierto, tienen hijas que en un futuro es casi seguro que no van a ser como sus madres, ni muchísimo menos. Son chavalas de trece años, la mejor edad, que ya prometen, y que cuando pase el tiempo…

ENTREGA 101

  Javi y yo, en el grandioso parque del hospital, a la sazón desierto, nos hicimos uno de esos pitillos finitos que no tienen tabaco, y cu...